miércoles, 11 de noviembre de 2015

La gatita que no sabía ronronear

Había una vez, una linda gatita blanca a la que se le había olvidado ronronear.
Era una gatita sin nombre, sucia y sin hogar.

Perdida en la carretera, una voz oyó hablar. Mojada, con frío y asustada,
cerró los ojos y se dejo llevar.

La gatita no confiaba en los humanos. Una vez tuvo unos; tenía juguetes, una cama para dormir calentita... pero un día, sin saber por qué, los humanos cogieron su coche y la metieron en su cesta de viaje. Ella, pensaba que iban de vacaciones o al veterinario pero no fue así. Se bajaron del coche, abrieron la puerta de su cesta de viaje y la dejaron sola en medio de una carretera oscura y fría en mitad de la noche. Gatita no comprendía nada. Ella siempre se había portado muy bien y, cuando sus humanos pensaban que había hecho algo malo la pegaban, ella, estaba acostumbrada aunque no le gustaba nada que lo hicieran ¿por qué simplemente no podían decir que eso no se hacía en lugar de pegar? ¿no son los seres humanos inteligentes y seres empáticos?

Con los ojos entreabiertos gatita miró hacia arriba y allí estaba; un ángel con rostro humano que la había recogido de esa horrible carretera. Estaba muy sucia, mojada y tenía los colmillos partidos por la mitad además tenía alguna que otra herida en su cuerpo ¿qué me pasa? pensaba gatita que se sentía muy incómoda y con la tripa más hinchada de lo normal.

Esa misma noche mientras gatita se acicalaba, sin previo aviso, empezaron a salir bebés de su tripa: ¡un gatito, dos gatitos, tres gatitos,cuatro gatitos, cinco gatitos, seis gatitos y siete gatitos!

¡Había tenido siete pequeños gatitos que sin parar maullaban!

Gatita, no entendía nada y con tantas emociones nuevas se había olvidado de ronronear.
De repente, notó una suave caricia que recorrió su cuerpo e hizo que se le cerrasen los párpados de los ojos. 

Una gata, una humana y una mirada. ¡Te llamas Alba! y así, la gatita sin nombre, ya podía ser nombrada.

Alba pasó mucho tiempo en adaptarse a su nueva casa y vivía con su hijo Simba del que no se separaba. Pero Alba... no ronroneaba y su compañera humana se preocupaba ¿No será feliz? ella siempre se preguntaba y además... ¿por qué siempre que se acercaba Alba bufaba?

La humana quería a Alba tal como ella era y comprendía que necesitaba tiempo para lograr ser feliz, al fin y al cabo su vida no había sido fácil.
Poco a poco, la gatita empezó a querer y a confiar en su amiga humana; la seguía por toda la casa, dormía pegada a sus piernas... pero no ronroneaba.

La humana dejó de preocuparse y simplemente se centró en querer a Alba y en aceptarla. No hacía falta que ronronease si no quería, ellas se querían, se entendían y se respetaban. No hacía falta ronroneos ni palabras. Y es que Alba no ronroneaba como los demás gatos sino que lo hacía en silencio, a través de su mirada.




Este cuento está basado en una historia real.




Soraya R. Oronoz


Licencia Creative Commons
La gatita que no sabía ronronear por Soraya R. Oronoz se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://educandoenlanaturaleza.blogspot.com.es/2015/11/la-gatita-que-no-sabia-ronronear.html.

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