En educación es más común de lo que se piensa esto del efecto halo; el maestro pone las famosas "etiquetas" a sus alumnos "el bueno", "el malo", "el listo"... y por desgracia, aunque esto se haga sin intención ocurre, puesto que nuestro cerebro está realizando constantemente exámenes de lo que ocurre a nuestro al rededor y de las personas de nuestro entorno. Ahora bien, el buen maestro debe conocer esta realidad y tratar de actuar de modo profesional y siendo lo más objetivo posible.
Si pensamos que un alumno es brillante nuestras propias expectativas tenderán a cumplirse ya que el niño percibirá que le valoramos y se esforzará más, así mismo el propio maestro le facilitará el acceso a lo buenos resultados sin tan siquiera percatarse.





